Es muy importante establecer nuestra identidad

Estamos a la merced de nuestros pensamientos y de las “historias”o mentiras que hemos creído desde la infancia. Sin darnos cuenta hemos venido aceptando en nuestras mentes y en nuestros corazones palabras que nos definen basados en circunstancias especificas que nos hayan ocurrido.

Nuestro padres sin pensar en el daño que nos hacen pueden llegar a decirnos que no “servimos para nada” y empezamos a creer en esa mentira, relaciones románticas se rompen y creemos que se debe a que son nuestra culpa y que no podemos mantener una relación duradera. Las mujeres o hombres nos van tarde que temprano volver a dejar.  Perdemos el trabajo y empezamos a pensar que no somos buenos y que nadie nos va a contratar.. Historias como estas entran en nuestra mente y desafortunadamente empezamos a creerlas. Compramos las mentiras y empiezan a operar en nuestra vida.

En la Biblia hay varias historias que nos muestra claramente como la mentira y el enemigo empieza a tomar territorio en nuestro espíritu.  En Sara la esposa de Abraham, Dios derramó su gracia y demostró su poder que desafía toda lógica humana. Él la escogió para ser la portadora del hijo de la promesa, Isaac (Gn. 17:19), de donde vendría el Mesías prometido. Dios convierte a una mujer estéril, avanzada en edad, en una mujer fértil. Una mujer a la cual Dios le cambia el nombre de Sarai que significa “Princesa”, por Sara que significa “princesa de todas las naciones”.

Pero antes de Sara tener al hijo de la promesa, a pesar que el Señor le prometio que tendría a su hijo, no cree que es posible dadas la edad de ella y de Abraham y se echa reír. Por muchos años compro la idea que que era imposible tener hijos y  que a través de ella Abraham podría llevar a cabo la promesa de Dios y asume una responsabilidad que no le correspondía y tomó una decisión que lamentaría por el resto de su vida. Todavía seguimos viendo resultados ya que algunas de las tensiones en el Medio Oriente tienen su raíces en que Sara le dio a su criada Agar a su esposo para que procreara un hijo.

Tener claramente definida nuestra identidad en Cristo y cuanto nos ama nos permite evitar las mentiras que el enemigo quiere ejercer en nosotros. 

Desde la creación es claro que fuimos creado a la  semejanza de Dios (Gen 1:26).  Hemos sido diseñados para escuchar a Dios. Es por esto que Jesus dijo “Mis ovejas oyen mi voz; yo las conozco y ellas me siguen” Juan 10:27.

Restablecer esa identidad en  Jesucristo es bien importante. La oración y la comunicación con Dios a través de su hijo Jesus nos permite validar, eliminar y evitar esas mentiras.

Recuerda que los pensamientos de Dios no son nuestros pensamientos. Medita en Isaias 55:8-11

“Porque mis pensamientos no son los de ustedes,
ni sus caminos son los míos
            —afirma el Señor—.
Mis caminos y mis pensamientos
    son más altos que los de ustedes;
    ¡más altos que los cielos sobre la tierra!
Así como la lluvia y la nieve
    descienden del cielo,
y no vuelven allá sin regar antes la tierra
    y hacerla fecundar y germinar
para que dé semilla al que siembra
    y pan al que come,
así es también la palabra que sale de mi boca:
    No volverá a mí vacía,
sino que hará lo que yo deseo
    y cumplirá con mis propósitos.”

 

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